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el precio de tus emociones

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Sabemos que las emociones son importantes en la vida. Muchas veces digo que las emociones son precisamente las que nos hacen humanos.

Sabemos que las emociones son importantes en la vida. Muchas veces digo que las emociones son precisamente las que nos hacen humanos.

Hoy no quiero explicar tanto qué son las emociones y cómo nos afectan desde un punto de vista científico o teórico. Hoy quiero simplemente compartirte una situación que me acaba de ocurrir.

Una persona conocida (y querida) me ha llamado hace un rato para comentarme un tema personal. Al descolgar el teléfono le pregunté por su hija pequeña, que sé que había estado en urgencias la tarde anterior. Me comentó: "le diagnosticaron grastroenteritis. Ha sido muy curioso porque al llegar de urgencias se estiró en el sofá, se acurrucó sobre mi barriga y se durmió profundo. Esta mañana al despertarse, estaba estupenda, y ha estado bien todo el día. Yo pensé que le costaría más recuperarse".

AL margen de que los niños tengan esa maravillosa capacidad de recuperación, y que el sueño sea la fase en la que ello ocurre con más facilidad... más allá de todos los aspectos "teóricos", y además de alegrarme mucho de que la pequeña esté mejor, sólo le hice una pregunta: ¿qué paso un par de días antes de que se enfermara?

Y su madre me contestó: "me enfadé con ella. Pasó algo y me enfadé y la grité". En ese mismo momento, la propia madre hizo la conexión. La niña no había podido digerir (literalmente) esa emoción, y su cuerpo la procesó como pudo. El cuerpo siempre nos ayuda a procesar lo que no podemos. Los síntomas nos ayudan a entender qué es lo que está intentando resolver y por tanto, a qué debemos prestar atención. 

La niña no pudo digerir el enfado de su madre, y su cuerpo lo mostró. Al acurrucarse de nuevo en el vientre de su madre, la niña sintió de nuevo ese "calor" que necesitaba, la causa desapareció y la recuperación fue rapidísima.

Ojalá estuviéramos siempre atentos a lo que nos ocurre, no culpando a las cosas de fuera, no intentando encontrar enemigos fuera. No los hay. A veces simplemente no sabemos cómo procesar lo que ocurre, no podemos transitarlo. Y el cuerpo nos lo muestra y, a su manera, nos ayuda a resolverlo hasta donde puede.

Somos seres hermosos, sintientes, conscientes. Observar nuestras emociones nos ayuda tremendamente a comprender mejor cómo estamos reaccionando (o no pudiendo reaccionar) ante lo que ocurre fuera y dentro de nosotros. Son ese puente maravilloso a nuestro mundo interior, que es donde realmente habitamos. 

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